viernes, 18 de septiembre de 2009

Alegría (cuento mentiroso-verdadero de la abuela)




Había nacido sospechosamente duende cerca del Valle del Elqui, en la Cuarta Región de Chile, sitio famoso por sus leyendas fantásticas.
Al nacer era un ser delgado, arrugado, de orejas puntiagudas y enroscadas, con la piel teñida de un rojo colorado casi fucsia. Lo sacaron del hospital envuelto disimuladamente en un pulóver.
Su padre viajó desde las nieves eternas del sur, para encontrarse con él.
Juan  atravesó los Andes desganadamente en brazos de su madre y sostenido por los suspiros de su abuela y las bromas de su tía.  Los cabellos del abuelo se transformaron en hilos de plata brillante mientras conducía el auto, tratando de mantenerlo a la temperatura  adecuada para que su nieto no sufriera el calor ardiente del desierto de San Juan, en el verano.
El Jesuita que lo bautizó, lo levantó hacia arriba, extendiendo los brazos y se lo ofreció a Dios, sabiendo que sería alguien muy especial.

Ese día, Juan se había acomodado panza abajo sobre las piedras tibias que servían de cuna a la cascada. Con el rostro entre las manos, los brazos apoyados en los codos, mantenía la respiración al ritmo de los sonidos naturales y observaba el agua, sin cansarse, en tanto pensaba que la metáfora corpórea de la alegría era, definitivamente, el agua.
En el atardecer, bliss, bliss, bliss, los últimos rayos del sol quedaban atrapados en los centelleos de la espuma que formaba la corriente entre las piedras del arroyo.
Gioia, Joie (yuá)
 Joy, enjoy, enjoy.
Gioia, Joie
 Joy, enjoy, enjoy.
¡Joya!
El agua en movimiento, reflejando el cielo tan particular del crepúsculo, volviéndose plata oscura, seguía siendo para él la personificación de la “alegría”, mientras la veía inundando despacito las orillas y formando pequeños remolinos en las oquedades.
Gáudium, gaudiuúm.
Un hilo verdoso de helecho flotaba con movimientos zigzagueantes, sin decidirse a seguir la dirección obligada por la corriente.
Bliss, bliss, bliss.
Algunos peces, transparencias doradas, burbujeaban tranquilos en el fondo del arroyo.
Las garzas volvían a sus nidos, graznando chillonas mientras volaban los últimos circuitos del día como sombras veloces y precavidas.
Gáudium, gaudiuúm.
En el pecho se ensanchaba, crecía gradualmente por todo el cuerpo la sensación poco conocida y menos aún disfrutada: la alegría de ver , el gozo de haber recuperado sus ojos de duende.
Gioia, joie(yuá)
Joy, enjoy.
¡La alegría es una joya!


Kusi, kusi…
La noche le había ganado al día, empujándolo suavemente por la bóveda celeste hacia el lado oeste, por detrás de las cumbres altas.
Juan cambió su posición mientras estiraba los brazos acalambrados y se frotaba los codos y al voltearse, metamorfoseado con el granito de las piedras, al ver el extraordinario cielo lleno de estrellas, recordó el “efecto butterfly”, que su abuela le había explicado, entregándole una extraña carpeta con unas frases y una tapa donde había pintado una mariposa más rara aún.
¿Su felicidad estaría ahora cambiando el curso de la historia? ¿Qué cosas buenas sucederían ahora?
Bliss. Bliss. Bliss.
Ahora los podía escuchar mejor. También había recuperado el oído, que se había vuelto capaz de escuchar los sonidos más delicados. Claro que escuchaba mejor que los demás…Y el olfato…cada día percibía más y más diversos olores.
Andaban por ahí y de vez en cuando se dejaban ver. Ya no les tenía miedo. Cuando comenzaba a percibir el aroma a peperina y a hierba buena sabía que eran ellos.
Vreuge, vreuge.
Júbilo y alborozo.
El fuelle seguía expandiendo su pecho. Entonces se levantó de un salto y comenzó a danzar, cantando con sonidos musicales.
Los duendes y las hadas olvidaron su transparencia y se asomaron entre las matas de verbenas y de cynias salvajes, sorprendidos por la hermosa danza de quien venían  custodiando con dedicación. Juan siguió con su baile desenfrenado por el sendero que unía una sierra con otra y luego desembocaba en un viejo camino que terminaba justo en su casa, en la pequeña ciudad  de Al Arelac.

El niño-duende había llegado a la edad en que los caminos empiezan a definirse, donde los por qué comienzan a comprenderse, los cuidados y el amor cosechan sus frutos y todos los sentidos se perfeccionan para ver la realidad y la fantasía en cantidades equivalentes.

Y la alegría le seguía naciendo con fuerza desmedida, a pesar  de los obstáculos, a pesar de los temores, a pesar de los avatares cotidianos. Porque había terminado una etapa, y comenzaba un tiempo diferente, lleno de novedades y esperanzas, repleto de aventuras y nuevas amistades. Un tiempo nuevo para mi niño-elfo.



Todas las palabras en cursiva., significan alegría o sus equivalentes aleatorios en diversos idiomas: alemán, italiano, francés, inglés, holandés, latín y quechua.
Bliss,  alemán
Vreuge , holandés
Gioia, italiano, también significa joya
Joy inglés
Enjoy, disfrutar, en inglés
Joie ,(pronúnciese “yuá”) francés
Gaudium, latín
Kosi , quechua



Imagen superior,  diseño de Gabriella D'ambrosio intervenido por Dea Bea

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